Camino con perro: cómo escoger pensión pet-friendly sin contratiempos
La primera vez que crucé la meseta castellana con mi perra, una mestiza de 18 kilogramos, aprendí el valor de una reserva clara y una ducha templada. En un pueblo pequeño, tras veintiocho quilómetros de tramo sin sombra, nos rechazaron en el primer alojamiento por “perros solo en terraza”. Era lunes, llovía, y la terraza era un banco de madera. Aquella tarde tomé dos decisiones que desde ese momento me han ahorrado disgustos: reservar con cierta antelación y optar por pensi